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La cría de Porco Celta en Galicia evoluciona de lo folclórico a lo comercial

Porco Celta

La inminente desaparición de las subvenciones directas a la cría de porcos celtas obligará a los productores a dar un salto de calidad para convertir en un negocio rentable lo que, hasta el momento, era poco más que un experimento para recuperar una raza autóctona de Galicia, al borde de la extinción.

Después de iniciar un descenso en picado, a partir de los años 50, motivado por la necesidad de apostar por variedades de un crecimiento más rápido para alimentar a una población creciente, la década de los 80 supuso un momento crítico para unos marranos que se caracterizan por una orejas sobredimensionadas, la singular curvatura de su espina dorsal o la fortaleza de su aparato locomotor. La raza llegó incluso a desaparecer del catálogo que elabora el Ministerio de Agricultura y su existencia quedó confinada en unas cuantas explotaciones de autoconsumo en el extremo oriental de Lugo y en la Costa da Morte.

No fue hasta mediados de los 90 cuando la curiosidad de un veterinario de A Fonsagrada, que trabajaba en Mazaricos para la empresa Feiraco, supuso el germen de lo que hoy es Asoporcel -la Asociación de Criadores de Ganado Porcino Celta-. Esta entidad, que tutela la Consellería de Medio Rural, está integrada por más de 200 socios y tiene unas perspectivas de crecimiento anual superiores al 25%. Desde el 24 de marzo de 1999, cuando se constituyó, ha conseguido aumentar significativamente el número de cabezas censadas -a finales del año pasado eran más de 2.500-, mejorar la selección genética de la raza, alejar el fantasma de la extinción y, sobre todo, poner en valor un producto de alta calidad gastronómica muy denostado durante las últimas décadas.

Este período de éxitos ahora toca a su fin, al menos dentro del modelo productivo actual. Las subvenciones de 180 euros por parto, 12 por lechón marcado y 60 por animal sacrificado, que Medio Rural otorgaba hasta el momento, desaparecen. Asoporcel pierde la potestad para certificar la adecuación de los animales al programa de cría controlada que deberá recaer en una empresa externa. En principio, serán los ganaderos quienes tengan que correr con los gastos de gestión y luego la Consellería subvencionará un porcentaje de los costes, aunque esta fórmula está todavía por determinar. De hecho, este día 4 están previstas varias reuniones para tratar el tema en distintos puntos de Galica.

La nueva situación es probable que retire del mercado a aquellos productores que se unieron a Asoporcel incentivados, únicamente, por las subvenciones y obligará a dar el salto a una explotación industrial -con más de 20 cabezas- a los que pretendan un beneficio comercial. El resto de granjas no podrán superar las cuatro reproductoras con lo que quedan limitadas poco más que al autoabastecimiento familiar.

En cualquier caso, la continuidad de la especie y del negocio está garantizada habida cuenta de la creciente buena acogida que tiene la carne de porco celta a la que muchos sitúan, con sus características particulares, en competencia directa con la del cerdo ibérico.

Una prueba de ese éxito fue la tercera fiesta de exaltación del producto que llevó hasta Corcubión a varios miles de personas, el pasado 8 de agosto, o la última entrega del encuentro gastronómico Madrid Fusión, donde el porco celta destacó entre los mariscos y demás delicias que la delegación de la Costa da Morte presentó en un foro paralelo a la feria.

Entrada publicada: 03/10/2008

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